Como en New York

Este es uno de los últimos trabajos de interiorismo que he realizado.

El cliente quería darle un aire de apartamento neoyorkino sin olvidar que es un salón familiar, donde deben primar los libros y espacio para trabajar y estudiar.

Líneas limpias, espacios abiertos y despejados, y mucho sitio para guardar libros.

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20 años del disco “El poder de Machin”

Photo credit: Foter.com

1997. Con 16 años. Estaba realizándose en mí un despertar, ese despertar que no sé si todo el mundo lo tendrá igual o no, pero que en mi caso fue repentino y en cuestión de tres meses pasé a ser una persona completamente distinta… alguien que no he dejado de ser nunca, que forma parte de mi más profundo ser.

Y como siempre en la vida, te acompañan canciones que forman parte de tu alma, con las que te identificas y tu corazón se llena de luz.

En esa época bebía de Mano Negra y de mi querido Manu Chao. Un poco después alucinaría con “Clandestino“, al que engancharía a toda mi familia.

Bailaba con “Kortatu“, con un Nelson Mandela encarcelado…. tiene narices la cosa…

El “Deltoya” de Extremoduro sería un disco para mí siempre muy especial y que retumba en mi interior con cada frase y cada nota de Robe.

Por aquel entonces hay que entender que no existía Internet, ni móviles, ni nada. Normalmente se conseguían los discos en cassette prestados y grabados de algún amigo que te lo dejaba, al menos era así en mi humilde barrio. Y en ocasiones especiales como un cumpleaños echabas un ojo a la revista de DiscoPlay y te pedías un vinilo o cassette que te gustara.

Creo que fue de la mano de Manu Chao como llegué a Amparanoia y ese fantástico disco llamado “El poder de Machín”. Jolín, ¡el poder de Machín! con lo que habré cantado yo por mi casa de pequeña los “Angelitos Negros” o “Madrecita“…. Y ese sí que fue un despertar femenino…

Siempre había escuchado mucha canción critica pero hecha por hombres. Cosa que está muy bien, pero escuchar a una mujer hablar de “me lo hago sola y me va tan bien” cuando estás a tope de emociones, es una liberación total. Quizá en esta época no, pero en aquel entonces… Por supuesto que en todo el mundo había muchas mujeres haciendo música protesta pero Amparanoia lo hizo cercano, como del barrio, era como si te hablara una amiga.

La canción “En la noche” con esa letra genial reivindicando ese espacio que nos pertenece y que siempre nos quieren vetar a las mujeres por miedos y amenazas que es pasear de noche, salir de noche, bailar, cantar, ser libres de noche… a mí me llegó al alma.

Y “La semana” corriendo sin parar, sintiéndote fuera de lo establecido y pensando eso mismo “¿qué malo he hecho yo?”.

Y así como todos los temas del albúm. “Hacer dinero” me acompañaría a lo largo de mi vida: cuando empecé a trabajar y sentía que no encajaba, cuando me fui acostumbrando pero siempre sentía que algo falla…

Todo esto lo tenía que escribir una mujer y creo que pocos discos me han hecho sentir tan bien conmigo misma. Después, siempre he seguido a Amparanoia, siempre ha tenido algo que decirme…

Muchos años después, un día escuchando Radio 3, escuché una melodía que hizo click en mi cabeza, era “La Memoria” de Depedro. Hacía mucho tiempo que no sentía otra vez ese sentimiento de identificación musical y de pronto ahí estaba. Fui completamente feliz al descubrirlo y todos sus discos después. Pertenecen a las canciones de mi vida. Tampoco es casualidad su unión con Amparanoia, y claro, es que las cosas nunca son porque sí…

Creo que en la vida todos estamos conectados de una forma u otra. Unas personas nacen con la facultad de conseguir calmar el alma de los demás con la música, y esa conexión existirá siempre.

Este año 2017, Amparanoia ha querido rendir homenaje a los 20 años del disco “El poder de Machin” rodeada de amigos y ha grabado el álbum “El coro de mi gente“. Y entre todas esas grandes canciones, quisiera destacar esta delicia que ha vuelto a llenar mi alma “Somos viento“……. esta canción también se encuentra en el EP “Acuérdate” que ha sacado Depedro este año.

Gracias a todos por formar parte de mí, por ayudarme en mi camino y por hacerme sentir y expresar cosas de mi más profundo ser.

Zaria Forman

“Whale Bay, Antarctica no.4″, Soft Pastel on paper, 84″ x 144”, 2016

Todos sabemos lo difícil que es tener una buena técnica en dibujo. Lo que hay que trabajar dibujando y dibujando y dibujando. Igual con la pintura y tantas otras artes.

En cambio, hay personas que nacen con un don. Digan lo que digan, una maestría así jamás se aprende…

En mi recomendación de este mes de octubre, no tengo más que quedarme patidifusa con la genialidad de Zaria Forman. Una mujer que pinta, sólo con tizas, unos paisajes espectaculares. Su última colección, llamada Antártida, ya ha asaltado mi corazón, es espectacular. Además, con esta colección pretende llamar la atención sobre el cambio climático, con lo cual, mayor motivo para echarla un vistazo.

Os recomiendo que, como yo, os dais un paseo por su web así como por internet para poder admirar sus obras. Es impresionante.

 

Octubre: un dibujo cada día

Imagen propiedad de Jake Parker, inktober 2017

Para este mes de octubre se presenta un reto bastante arduo, se trata de hacer un dibujo por cada día del mes.

Este reto lo inventó Jake Parker, un fantástico ilustrador, quien comenzó con esta idea en 2009 para mejorar sus capacidades como dibujante. La cosa es que comenzó a colgar esos dibujos en internet para enseñarlos y la gente fue sumándose a la idea, así hasta ahora.

El truco es escanear o hacer una foto a tu dibujo y subirlo a las redes con el hashtag #inktober #inktober2017.

Varias plataformas se unen al reto emprendiendo su propia campaña añadiendo el hashtag corporativo, como puede ser #inktoberDomestika

¿Cómo lo ves, te animas?

Relato 01 – “Desde fuera”

May 18, 1969 – Apollo 10 View of the Earth – NASA Image of the Day

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     – Me siento sola. Mirar mi planeta desde aquí me hace sentir más insignificante de lo normal. Ya sé que tú dirás que cómo es posible, estando rodeada de seres de infinidad de lugares del Universo… pues eso, que no me encuentro. Si, ya sé que lo que hago es muy importante y que ayuda a muchos mundos, pero… anhelo algo, algo que nunca he tenido. Reside en lo más profundo de mi ser, un sentimiento de nostalgia, es como un susurro al oido, me hace sentir hueca por dentro y a la vez me llena de un calor desconocido. Necesito buscarlo, pero no sé qué es.

– Yo creo que deberías centrarte en lo que estás haciendo en cada momento y no pensar tanto. Blanca, ¡sueñas demasiado! Acabamos de librarnos de una buena, de ésta hemos escapado de milagro y ¿me vienes con anhelos ahora? de verdad que no te entiendo…

– Si capitán, lo sé. Y sé que en unos momentos volveré a mi vida trivial en la Tierra y tendré que adaptarme de nuevo, como tantas otras veces. Pero si hay algo en común entre todas estas dimensiones y todas mis existencias, es eso, saber que me falta ALGO.

– Venga Blanca, ya vienen a buscarnos, coge el transmisor y apaga ese cigarro. Ya te he dicho que no fumes en la cápsula.

***

Relato perteneciente a una serie de cuentos creados por Helena G. Gordon denominados “Los viajes de Blanca”.

¿Somos ovejas?

¿Dónde está el límite entre “lo que está bien y lo que está mal”?

Estamos siendo testigos de diferentes campañas publicitarias u obras artísticas por las cuales mucha gente se siente ofendida por lo explícito de su significado. Esto tampoco es nuevo, desde tiempos inmemorables ha habido siempre catalogación y digamos censura de lo que es políticamente correcto o no. Dentro de todo esto, la clasificación puede ser infinita, pues yo creo que no es lo mismo hacer humor sobre la forma de gobierno de una persona, que hacerlo sobre atentados y guerras o dolor ajeno. Entonces, ¿dónde encontramos ese límite? Yo creo que es una cuestión de sentido común, yo no creo en el “todo vale”, igual que no creo que se pueda permitir que se haga daño moralmente o físicamente a alguien. Todo el mundo, poniéndose en el lugar del otro, con eso tan humano llamado empatía, sabemos si te estás pasando o no. Malas personas las hay en todos los lugares, haciendo publicidad como haciendo magdalenas, y no creo que bajo el slogan de libertad de expresión se deban permitir ciertas cosas. Pero ahí entramos en la madre del cordero, ¿quién no debe permitirlo? pues en teoría debería ser la sociedad, la gente de a pie. Y claro, “pero la gente no sabe, hay que guiarla”. Y entonces dejamos que sean otros los que nos digan lo que es bueno o malo, correcto o incorrecto. Y pasamos a ser ovejas, como en tantas otras cosas. Consideramos que tienen que ser otros los que nos digan cómo pensar, qué hacer o no, qué está bien o mal…. y claro, ahí está el peligro, nos convertimos en ganado.

Estamos invadidos por millones de formas de excitación que consciente e inconscientemente nos alinean y piensan por nosotros: publicidad, medidos de comunicación, modelos a seguir, falsa libertad y autonomía. Vivimos con la lección bien aprendida: trabaja sin parar, gasta lo que puedas que para eso trabajas mucho, sigue comprando para poder ser igual que el famoso de turno; y sobre todo termina tan cansado que no tengas tiempo ni de hablar con los amigos personalmente (para eso inventaron el WhatsApp). Y siéntate frente a la tv para que te sigan invadiendo y diciéndote todo lo que está bien o mal y lo próximo que quieres comprar para tu vida llena de cosas y vacía de sentimientos y vivencias. Y así seguirán distrayéndonos de lo que es realmente importante, que NO TENEMOS QUE CONFORMARNOS, que tenemos derecho a ser felices y querer más: más amigos, más poder de decisión sobre nuestra propia vida, más experiencias, más amor, más vida!

Tu libertad termina cuando agredes a alguien, física o moralmente, pero sobre todo termina cuando OTRO DECIDE POR TI.

Creatividad, la capacidad innata del ser humano.

Yo me crié en un humilde barrio de una ciudad-dormitorio en los alrededores de Madrid. Recuerdo mi infancia rodeada de amigos y bancos de parque. Ninguno teníamos mucho, la mayoría casi nada, pero era increíble la capacidad creativa que poseíamos. La gran mayoría pintaba o dibujaba, casi todos sabían tocar algún instrumento (auto aprendido normalmente) y buscábamos música fuera de lo comercial pasándonos los casetes de unos a otros, como se hacían las cosas antes, que no es que fueran mejores ni peores, pero la verdad es que eran auténticas.

Mis mejores amigos actuales son los mismos de la niñez y la adolescencia y muchos siguen teniendo profesiones o actividades creativas. Y yo me pregunto, ¿de dónde nace esa necesidad de crear? ¿cómo es posible que sin escuela, sin oportunidades, sin “padrino” y en la más absoluta sencillez fuéramos capaces de ser tan originales? Con los años, la vida te lleva a aceptar trabajos que a lo mejor no habrías soñado para pagar facturas, es más, hoy en día lo raro es no aceptar cualquier trabajo según están las cosas. Y todo esto me lleva a una reflexión: la capacidad creativa, esa necesidad de crear, viene innata en el ser humano. Cuando no estamos dirigidos a ser algo en particular, cuando no te exigen nada, cuando eres natural y haces las cosas por pasión y no porque es lo que se espera de ti, entonces es cuando realmente creamos. Es cuando logramos esas melodías, esas composiciones o colores, eso que no se parece a nada y lo es todo de ti.

El otro día, colocando cajas antiguas del trastero encontré dibujos, pinturas y cuentos de mi adolescencia. Cuando todo era tan importante y a la vez tan efímero. Y, madre mía, fue un choque mágico conmigo misma, qué buenos son, sin ser correctos, son muy buenos. Y qué libre era… y entonces vuelvo sobre mi misma y pienso: ¿y porqué ahora no me considero libre? ¿cómo hemos perdido esa originalidad? ¿cuándo?.

No paro de replanteármelo todo. ¡Antes tenía las cosas tan claras! ¿cómo volver a creer sin miedo? y después me digo, poco a poco, al menos hemos encontrado las baldosas amarillas de nuevo…..

No te rindas nunca, sigue trabajando y creyendo en ti, siempre merece la pena.

Os dejo un vídeo que me ha pasado un buen amigo hoy “I Wish I Knew How It Would Feel to Be Free”. A disfrutar…