El verano ya llegó

El verano ya llegó y es hora de inspirarse.

Intentaremos cambiar de aires, despejarnos y observar nuestro alrededor. Si podemos, saldremos de nuestra ciudad habitual. Es ideal conocer gente, visitar lugares diferentes, mantenerse en contacto con la naturaleza, ver esas películas que teníamos pendientes de todo el año, ir a algún festival o concierto, o leer alguno de todos los libros que tenemos apuntados… Y sobre todo disfrutar de tiempo libre.

Y si podemos, le dedicaremos algo de tiempo a los proyectos personales. Esos que harán despegar nuestra creatividad.

Escogeremos un tema o una idea e intentaremos desarrollar aplicaciones o expresiones artísticas diferentes, como pueden ser: crear patrones a través de dibujos o pinturas, crear nuevas series de diseños o ilustraciones, o empezar historias a través de animaciones o fotografías, etc.

Seguro que luego nos vendrán bien en algún momento o utilizaremos algunos de los elementos que los componen, como por ejemplo una paleta de color.

Y si nos toca trabajar todo el verano, pues nada, aprovecharemos los fines de semana y todos los días que tengamos libres para salir de lo habitual y respirar aires distintos. Seguro que el cuerpo y la mente nos lo agradecerá.

¡Feliz verano!

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Relato 01 – “Desde fuera”

May 18, 1969 – Apollo 10 View of the Earth – NASA Image of the Day

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     – Me siento sola. Mirar mi planeta desde aquí me hace sentir más insignificante de lo normal. Ya sé que tú dirás que cómo es posible, estando rodeada de seres de infinidad de lugares del Universo… pues eso, que no me encuentro. Si, ya sé que lo que hago es muy importante y que ayuda a muchos mundos, pero… anhelo algo, algo que nunca he tenido. Reside en lo más profundo de mi ser, un sentimiento de nostalgia, es como un susurro al oido, me hace sentir hueca por dentro y a la vez me llena de un calor desconocido. Necesito buscarlo, pero no sé qué es.

– Yo creo que deberías centrarte en lo que estás haciendo en cada momento y no pensar tanto. Blanca, ¡sueñas demasiado! Acabamos de librarnos de una buena, de ésta hemos escapado de milagro y ¿me vienes con anhelos ahora? de verdad que no te entiendo…

– Si capitán, lo sé. Y sé que en unos momentos volveré a mi vida trivial en la Tierra y tendré que adaptarme de nuevo, como tantas otras veces. Pero si hay algo en común entre todas estas dimensiones y todas mis existencias, es eso, saber que me falta ALGO.

– Venga Blanca, ya vienen a buscarnos, coge el transmisor y apaga ese cigarro. Ya te he dicho que no fumes en la cápsula.

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Relato perteneciente a una serie de cuentos creados por Helena G. Gordon denominados “Los viajes de Blanca”.

¿Somos ovejas?

¿Dónde está el límite entre “lo que está bien y lo que está mal”?

Estamos siendo testigos de diferentes campañas publicitarias u obras artísticas por las cuales mucha gente se siente ofendida por lo explícito de su significado. Esto tampoco es nuevo, desde tiempos inmemorables ha habido siempre catalogación y digamos censura de lo que es políticamente correcto o no. Dentro de todo esto, la clasificación puede ser infinita, pues yo creo que no es lo mismo hacer humor sobre la forma de gobierno de una persona, que hacerlo sobre atentados y guerras o dolor ajeno. Entonces, ¿dónde encontramos ese límite? Yo creo que es una cuestión de sentido común, yo no creo en el “todo vale”, igual que no creo que se pueda permitir que se haga daño moralmente o físicamente a alguien. Todo el mundo, poniéndose en el lugar del otro, con eso tan humano llamado empatía, sabemos si te estás pasando o no. Malas personas las hay en todos los lugares, haciendo publicidad como haciendo magdalenas, y no creo que bajo el slogan de libertad de expresión se deban permitir ciertas cosas. Pero ahí entramos en la madre del cordero, ¿quién no debe permitirlo? pues en teoría debería ser la sociedad, la gente de a pie. Y claro, “pero la gente no sabe, hay que guiarla”. Y entonces dejamos que sean otros los que nos digan lo que es bueno o malo, correcto o incorrecto. Y pasamos a ser ovejas, como en tantas otras cosas. Consideramos que tienen que ser otros los que nos digan cómo pensar, qué hacer o no, qué está bien o mal…. y claro, ahí está el peligro, nos convertimos en ganado.

Estamos invadidos por millones de formas de excitación que consciente e inconscientemente nos alinean y piensan por nosotros: publicidad, medidos de comunicación, modelos a seguir, falsa libertad y autonomía. Vivimos con la lección bien aprendida: trabaja sin parar, gasta lo que puedas que para eso trabajas mucho, sigue comprando para poder ser igual que el famoso de turno; y sobre todo termina tan cansado que no tengas tiempo ni de hablar con los amigos personalmente (para eso inventaron el WhatsApp). Y siéntate frente a la tv para que te sigan invadiendo y diciéndote todo lo que está bien o mal y lo próximo que quieres comprar para tu vida llena de cosas y vacía de sentimientos y vivencias. Y así seguirán distrayéndonos de lo que es realmente importante, que NO TENEMOS QUE CONFORMARNOS, que tenemos derecho a ser felices y querer más: más amigos, más poder de decisión sobre nuestra propia vida, más experiencias, más amor, más vida!

Tu libertad termina cuando agredes a alguien, física o moralmente, pero sobre todo termina cuando OTRO DECIDE POR TI.

Creatividad, la capacidad innata del ser humano.

Yo me crié en un humilde barrio de una ciudad-dormitorio en los alrededores de Madrid. Recuerdo mi infancia rodeada de amigos y bancos de parque. Ninguno teníamos mucho, la mayoría casi nada, pero era increíble la capacidad creativa que poseíamos. La gran mayoría pintaba o dibujaba, casi todos sabían tocar algún instrumento (auto aprendido normalmente) y buscábamos música fuera de lo comercial pasándonos los casetes de unos a otros, como se hacían las cosas antes, que no es que fueran mejores ni peores, pero la verdad es que eran auténticas.

Mis mejores amigos actuales son los mismos de la niñez y la adolescencia y muchos siguen teniendo profesiones o actividades creativas. Y yo me pregunto, ¿de dónde nace esa necesidad de crear? ¿cómo es posible que sin escuela, sin oportunidades, sin “padrino” y en la más absoluta sencillez fuéramos capaces de ser tan originales? Con los años, la vida te lleva a aceptar trabajos que a lo mejor no habrías soñado para pagar facturas, es más, hoy en día lo raro es no aceptar cualquier trabajo según están las cosas. Y todo esto me lleva a una reflexión: la capacidad creativa, esa necesidad de crear, viene innata en el ser humano. Cuando no estamos dirigidos a ser algo en particular, cuando no te exigen nada, cuando eres natural y haces las cosas por pasión y no porque es lo que se espera de ti, entonces es cuando realmente creamos. Es cuando logramos esas melodías, esas composiciones o colores, eso que no se parece a nada y lo es todo de ti.

El otro día, colocando cajas antiguas del trastero encontré dibujos, pinturas y cuentos de mi adolescencia. Cuando todo era tan importante y a la vez tan efímero. Y, madre mía, fue un choque mágico conmigo misma, qué buenos son, sin ser correctos, son muy buenos. Y qué libre era… y entonces vuelvo sobre mi misma y pienso: ¿y porqué ahora no me considero libre? ¿cómo hemos perdido esa originalidad? ¿cuándo?.

No paro de replanteármelo todo. ¡Antes tenía las cosas tan claras! ¿cómo volver a creer sin miedo? y después me digo, poco a poco, al menos hemos encontrado las baldosas amarillas de nuevo…..

No te rindas nunca, sigue trabajando y creyendo en ti, siempre merece la pena.

Os dejo un vídeo que me ha pasado un buen amigo hoy “I Wish I Knew How It Would Feel to Be Free”. A disfrutar…

Dime lo que fotografías y te diré quién eres.

Es inevitable. Cuando te gusta el arte, cuando tienes la sensibilidad de apreciar un color, una luz, un tiempo. Cuando pones el alma en todo lo que creas, cuando no puedes parar de intentar mostrarle al mundo aquello que quieres gritar y expresar. Entonces, es cuando te das cuenta de que ya no sabrías hacer bien otra cosa.

Si eres músico, artista, actor, escritor, fotógrafo, artesano, o cualquier profesión dedicada a crear, sabes de lo que te hablo. Sabes lo duro y satisfactorio que es. Y sabes que no lo cambiarías por nada.

Identidad

Es complicado muchas veces ser fiel a ti mismo cuando te encargan un trabajo.

Normalmente te encargan un diseño y empiezas a pensar: una idea, un concepto, la historia, el color…. y te dejas llevar. Y al casi terminarlo comienzan las dudas, ¿no será muy arriesgado? ¿estarán esperando algo así o preferirán algo más común, algo más parecido a cualquier otra cosa?…

Quizás en ocasiones nos pasemos de creativos y la empresa que nos ha hecho el encargo no esté tan abierta de miras. Pero, aunque siempre tengamos en cuenta la estética que le pueda encajar, yo te doy un consejo: sé tú mismo. Aquello que te hace ser distinto es lo que te da tú identidad y esa diferencia hará que a mucha gente no les gustes y no te llamen más, pero hará que otros muchos te busquen precisamente a ti y estarás haciendo lo que realmente te gusta, no caerás continuamente en trabajos tediosos que no te reportan alegría, satisfacción ni crecimiento profesional.

Así pues, mi consejo es que te arriesgues. Apuesta por aquello que salga de tus entrañas, quizá no sea lo mejor del mundo, pero será más tú que cualquier otra cosa 🙂

La banda sonora de hoy es “Quiero ver el sol” . Así que vamos echarnos un bailecito.

Sensaciones

Prácticamente todos nos guiamos por sensaciones o al menos eso deberíamos, dejarnos guiar por nuestro instinto, nuestra intuición.

El problema viene cuando estamos contaminados, no tenemos tiempo ni de respirar y no podemos pararnos a observar nuestro alrededor.

Hoy en día formamos parte de una sociedad estructurada para no parar. Debemos ser más productivos, más rápidos, más listos, mejores… Pero la realidad es que no se puede ser productivo si se está cansado. No se puede ser más rápido si la cabeza está a mil cosas. Y no eres muy listo si no te planteas cómo puedes ser mejor. Y ¿cómo puedes ser mejor? parándote a pensar. Teniendo valiosos momentos de reflexión. De tomar conciencia de uno mismo y su alrededor. De focalizar y saber qué quieres hacer y cómo hacerlo correctamente. Así en cuanto te pongas a ello serás rápido y efectivo, con lo cual habrás aprovechado correctamente tu tiempo y eso te hará ser más productivo.

Esto no lo he inventado yo, esto forma parte de una teoría llamada Slow Down pero a parte de poner etiquetas o nombres, ¿qué te dice el sentido común? escúchate por un momento.

Intenta organizar tu vida de forma sencilla, si te sientes agobiado renuncia a alguna de las cosas que tienes que hacer, aunque creas que no es posible, dedícale un tiempo y verás como hay ciertas cosas que puedes delegar o incluso dejar de hacer. Verás como te sientes aliviado y más seguro y puedes dedicarle el tiempo correcto a aquello que realmente lo merece.

Ponte como rutina hacer algo que te haga sentir bien. ¿Qué te gusta? ¿pintar, bailar, leer, tejer, correr…? Pues hazlo, no lo dejes nunca. Te hará sentir mucho mejor contigo mismo y eso se reflejará en las relaciones con otras personas.

Queda con esas personas que te hacen sentir bien. Igual que hay que limpiar de tu vida lo tóxico, hay que rodearse de esas personas que hacen que vuelvas a casa con una sonrisa. Cultiva las relaciones personales satisfactorias, cuídalas en vivo y en directo, ¡sal a la calle! deja a un lado el whasapp y queda con ellas hablando y mirando a los ojos.

Y como siempre digo, rodéate de todo aquello que te haga sentir bien. En tu casa o en el trabajo, limpia tu espacio, coloca sólo objetos que te den buenas vibraciones y aprende a vivir con lo justo y necesario. Verás cómo se simplifica tu vida y tienes más tiempo para dedicarlo a lo que quieras.

Así que al final todo se trata de eso, de sensaciones. Activa todos tus sentidos, tu gusto, tu tacto, tu olfato, tu oído, tu vista,… una manta suave, un rico olor a guiso, una maravillosa melodía, una luz especial entrando por la ventana, el cielo azul…

Y como alguna otra vez he hecho, si no tienes inspiración ninguna, date un paseíto por esta otra página de fotografías de licencia libre Unsplash y déjate llevar.