Relato 01 – “Desde fuera”

May 18, 1969 – Apollo 10 View of the Earth – NASA Image of the Day

***

     – Me siento sola. Mirar mi planeta desde aquí me hace sentir más insignificante de lo normal. Ya sé que tú dirás que cómo es posible, estando rodeada de seres de infinidad de lugares del Universo… pues eso, que no me encuentro. Si, ya sé que lo que hago es muy importante y que ayuda a muchos mundos, pero… anhelo algo, algo que nunca he tenido. Reside en lo más profundo de mi ser, un sentimiento de nostalgia, es como un susurro al oido, me hace sentir hueca por dentro y a la vez me llena de un calor desconocido. Necesito buscarlo, pero no sé qué es.

– Yo creo que deberías centrarte en lo que estás haciendo en cada momento y no pensar tanto. Blanca, ¡sueñas demasiado! Acabamos de librarnos de una buena, de ésta hemos escapado de milagro y ¿me vienes con anhelos ahora? de verdad que no te entiendo…

– Si capitán, lo sé. Y sé que en unos momentos volveré a mi vida trivial en la Tierra y tendré que adaptarme de nuevo, como tantas otras veces. Pero si hay algo en común entre todas estas dimensiones y todas mis existencias, es eso, saber que me falta ALGO.

– Venga Blanca, ya vienen a buscarnos, coge el transmisor y apaga ese cigarro. Ya te he dicho que no fumes en la cápsula.

***

Relato perteneciente a una serie de cuentos creados por Helena G. Gordon denominados “Los viajes de Blanca”.

¿Somos ovejas?

¿Dónde está el límite entre “lo que está bien y lo que está mal”?

Estamos siendo testigos de diferentes campañas publicitarias u obras artísticas por las cuales mucha gente se siente ofendida por lo explícito de su significado. Esto tampoco es nuevo, desde tiempos inmemorables ha habido siempre catalogación y digamos censura de lo que es políticamente correcto o no. Dentro de todo esto, la clasificación puede ser infinita, pues yo creo que no es lo mismo hacer humor sobre la forma de gobierno de una persona, que hacerlo sobre atentados y guerras o dolor ajeno. Entonces, ¿dónde encontramos ese límite? Yo creo que es una cuestión de sentido común, yo no creo en el “todo vale”, igual que no creo que se pueda permitir que se haga daño moralmente o físicamente a alguien. Todo el mundo, poniéndose en el lugar del otro, con eso tan humano llamado empatía, sabemos si te estás pasando o no. Malas personas las hay en todos los lugares, haciendo publicidad como haciendo magdalenas, y no creo que bajo el slogan de libertad de expresión se deban permitir ciertas cosas. Pero ahí entramos en la madre del cordero, ¿quién no debe permitirlo? pues en teoría debería ser la sociedad, la gente de a pie. Y claro, “pero la gente no sabe, hay que guiarla”. Y entonces dejamos que sean otros los que nos digan lo que es bueno o malo, correcto o incorrecto. Y pasamos a ser ovejas, como en tantas otras cosas. Consideramos que tienen que ser otros los que nos digan cómo pensar, qué hacer o no, qué está bien o mal…. y claro, ahí está el peligro, nos convertimos en ganado.

Estamos invadidos por millones de formas de excitación que consciente e inconscientemente nos alinean y piensan por nosotros: publicidad, medidos de comunicación, modelos a seguir, falsa libertad y autonomía. Vivimos con la lección bien aprendida: trabaja sin parar, gasta lo que puedas que para eso trabajas mucho, sigue comprando para poder ser igual que el famoso de turno; y sobre todo termina tan cansado que no tengas tiempo ni de hablar con los amigos personalmente (para eso inventaron el WhatsApp). Y siéntate frente a la tv para que te sigan invadiendo y diciéndote todo lo que está bien o mal y lo próximo que quieres comprar para tu vida llena de cosas y vacía de sentimientos y vivencias. Y así seguirán distrayéndonos de lo que es realmente importante, que NO TENEMOS QUE CONFORMARNOS, que tenemos derecho a ser felices y querer más: más amigos, más poder de decisión sobre nuestra propia vida, más experiencias, más amor, más vida!

Tu libertad termina cuando agredes a alguien, física o moralmente, pero sobre todo termina cuando OTRO DECIDE POR TI.